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Poesía clásica rusa en español. Ensayo sobre problemas y experiencias de la traducción


Cornejo Ubillús M.A., 2024


Resumen

Gracias a la indispensable labor de la traducción —el caballo de posta de la ilustración— la literatura rusa ha estado presente en la vida de los pueblos de Latinoamérica. Es un hecho que ella ha ejercido una beneficiosa influencia en el desarrollo cultural y espiritual. Buena parte de las obras, en prosa, de los grandes escritores rusos ha sido puesta a disposición de los lectores en lengua española y ha gozado de enorme aprecio y gloria.

En distintos momentos, también las obras poéticas han llegado a los corazones de los lectores, aunque no han tenido la misma suerte que aquellas en prosa. El público ha podido conocer y leer con interés a un grupo selecto de poetas rusos, algunos de ellos traducidos del francés o el inglés.

En los últimos tiempos han tenido lugar nuevos esfuerzos de traducción, esta vez a partir del original ruso. Ello ha concitado interés y ha promovido el conocimiento y la difusión de la obra lírica de importantes autores considerados clásicos, tales como: M. Lérmontov, S. Esenin, A. Blok, A. Ajmátova, M. Tsvietáyeva, y el propio Pushkin-poeta.

A propósito de estos avances, resurge con fuerza el tema acerca de los problemas, requisitos y experiencias de la traducción poética. ¿Es posible la traducción poética? ¿Qué condiciones son necesarias? ¿Qué criterios son indispensables?

Aquí se presenta una experiencia de traducción, que no solo constituye un aporte al enriquecimiento literario de la sociedad, sino también sirve como herramienta de interculturalidad que posibilita el fortalecimiento de los lazos culturales entre Latinoamérica y Rusia, a través de la poesía.

Palabras clave: cultura, Latinoamérica, Ecuador, interculturalidad, poetas rusos, traducción, poesía rusa en español.


La poesía y literatura rusas en América Latina: aspectos generales. Los vínculos culturales, primeras traducciones

Los países de América Latina, a pesar de encontrarse geográficamente muy distantes de Rusia, —y desafortunadamente bajo la influencia directa de EEUU,— han podido crear y mantener lazos culturales y diplomáticos con el país eslavo. Numerosos han sido los contactos y variadas las vías de esta relación.

No podemos dejar de mencionar el tremendo impacto e influencia que ejerció la Revolución de Octubre. No hay duda alguna respecto del enorme interés que despertaron los acontecimientos de los Soviets y las expectativas que crecieron en torno a la construcción de una nueva sociedad. Ya en ese momento, el factor de la transformación cultural tuvo una valiosa influencia: mucho se habló de los nuevos horizontes que se abrían para las grandes masas populares ansiosas de educación y cultura.

Más adelante, fueron motivo de interés y orgullo los avances en las áreas de la ciencia, la educación, el deporte, los vuelos espaciales. Todos los latinoamericanos de la época recuerdan con fervor y cariño el rostro ruso sonriente de Yuri Gagarin (1934-1968) — el primer cosmonauta del planeta Tierra. Y también fue motivo de admiración Valentina Tereshkova, (n. 1937) como primera mujer en viajar al espacio.

En los aspectos que tienen que ver con la cultura, los impactos fueron largamente notorios. El público esperaba con interés las giras de los grupos de ballet, ya sea del Bolshói, el Teatro Mariinski u otros grupos, pero también los grupos de espectáculos sobre el hielo, así como del famoso circo ruso. Por su parte, el cine ruso contaba con su propio espacio y un público sediento de apreciar las excelentes obras de este género.

Ya en el plano de la literatura, es cierta la presencia de los grandes escritores rusos, desde Gógol hasta Dostoyevski. Ninguna persona que quisiera considerarse culta en nuestro medio podía dejar de leer a toda la pléyade de escritores. En ello, el mérito se debió a las traducciones que nos vinieron de España. Los lectores pudieron tener acceso a prácticamente todas las obras de León Tolstói, a la mayoría de las de Fiódor Dostoyevski, a las principales de Nikolái Gógol, a todos los cuentos cortos de Antón Chéjov, así como a ciertas obras escritas por Borís Pasternak y parte de la prosa de Aleksandr Pushkin. Recuerdo muy bien una preciosa edición cubana de «El héroe de nuestro tiempo» («Герой нашего времени», 1837–1839), de Mijaíl Lérmontov (1814–1841), que traía junto a la novela una docena de versos del poeta.

Cito, por curioso, el resultado de las investigaciones de George Schanzer, quien confirma la publicación de obras en prosa de Pushkin, en la Revista Europea de Madrid, ya en 1876. De allí llegaron pronto a América. Hace referencia a tres relatos — «Un tiro» («Выстрел», 1830), «El constructor de ataúdes» («Гробовщик», 1830) y «La hija del capitán» («Капитанская дочка», 1836). Haremos mención, además, de la obra «La nevada» o «El torbellino de nieve» («Метель», 1830), pronto traducida del francés, que llama la atención «por encontrase mencionada en los impresos de El Museo Universal de Madrid, en 1863» [Schanzer, 2014: 816].


La música y la poesía

En su momento, obtuvieron enorme relevancia varios compositores rusos. El más conocido, indiscutiblemente, es Piotr Chaikovski (1840-1893), pero también alcanzaron fama las producciones de Serguéi Prokofiev (1891–1953), Mijaíl Glinka (1804-1857) y Dmitri Shostakovich (1906–1975). En menor medida, siempre estuvieron presentes compositores de la talla de Serguéi Rajmáninov (1873–1943) e Igor Stravinski (1882–1971).

A diferencia de la música (que «llega sola y no necesita traducción»), en el tema de la poesía, el panorama se presenta, – diremos, - desolador. Aún hoy en día, el público de Latinoamérica conoce poco de la poesía.

La mayoría del público ignora que Pushkin y Lérmontov fueron ante todo poetas. Algunas personas han llegado a conocer a Mayakovski, Blok, Ajmátova y Pasternak. Pero inclusive en este caso, su acercamiento tuvo más que ver con las exigencias de la lucha social que con la poesía propiamente. De otros poetas, tales como: Ósip Mandelshtam (1891–1938), Serguéi Yesenin (1895–1925), Marina Tsvetáyeva (1892–1941), Iván Bunin (1870–1953), Andréi Bely (1880-1934), Nikolái Gumiliov (1886–1921), Sacha Chorniy (1880–1932), Vladislav Jodassievich (1886–1939), se ha traducido al castellano muy poco o nada y, por tanto, los lectores se han privado de su poesía. Notables y deliciosos poetas como Gavrila Derzhavin (1743–1816), Fiódor Tiútchev (1803-1873) y Vasili Zhukovski (1783–1852) son unos completos desconocidos. De Afanasi Fet (1820-1892) (el Gustavo Adolfo Becquer /1836–1870/ ruso), por ejemplo, no se tiene ni idea en este lado del mundo [Cazcarra, 1995].

Por lo demás, hay que tener siempre en la mente que la poesía rusa es un mar inacabable, simplemente inconmensurable⁶.

Y sin embargo, hemos de mencionar aquí una joya editorial. En 1974 vio la luz un librito-compendio de poesía: «Antología de poesía soviética»⁷. En esta publicación que, según sus autores, «fue recopilada por un grupo de poetas soviéticos y para la cual no pocos de esos poemas líricos fueron directamente traducidos al castellano por algunos garantizados conocedores de la lengua rusa», se recogieron los versos (uno o dos de cada autor) de sesenta y siete (67) poetas. Por lo demás, se explica que, cuando no se pudo traducir directamente del ruso, «el equipo de las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Moscú se encargó de realizar unas primitivas versiones que fueron posteriormente enviadas — en copia bilingüe y con las correspondientes notas aclaratorias— a los distintos escritores españoles e hispanoamericanos cuyos nombres aparecen así asociados a esta antología».

En las páginas de aquel libro, — que de alguna forma no debió pasar desapercibido pero que se ha perdido para el público, aparecen, así, versos de poetas, tales como: Blok, Ajmátova, Pasternak, Mayakovski, Yesenin, Konstantín Símonov (1915–1979), Robert Rozhdéstvenski (1932-1994), Andréi Voznesenski (1933–2010), Yevtushenko, amén de las baladas de León Oshanin (1912-1996), Bulat Okudzhava (1924-1997) y Yulia Drúnina (1924–1991).

Debe considerarse el aporte de publicaciones como esta para la difusión de la poesía rusa.


Poetas rusos en Ecuador. Traductores

Según nuestra experiencia y análisis, durante la segunda mitad del siglo XX, tres poetas han gozado del particular aprecio del público en el Ecuador: Vladímir Mayakovski, Borís Pasternak y Yevgueni Yevtushenko. Más adelante, a fines del siglo veinte y comienzos del veintiuno, han aparecido traducciones de los poemas líricos de Aleksandr Blok, Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva. Y únicamente durante los dos últimos decenios han ido apareciendo, en mayor volumen, los poemas líricos de Pushkin, Yesenin, Lérmontov, y otros poetas clásicos y más contemporáneos.

A esta tarea ha contribuido la traducción directa del ruso que ha realizado el equipo de Ekaterina Ignátova y los esfuerzos de Antón Amaruñán⁸. Como veremos más adelante, Amaruñán ha traducido y publicado varios volúmenes con los poemas líricos de siete poetas rusos de capital importancia. Y la tarea está por completarse.


Nuestra experiencia en la traducción de poesía rusa. Aspectos generales metodológicos

Partimos de las preguntas fundamentales: ¿Es posible la traducción poética?, ¿Por qué razones los grandes poetas rusos, en general, son muy poco conocidos en el mundo de habla castellana?, ¿Qué problemas/virtudes tiene la traducción directa del ruso?

En primer lugar, debemos poner el acento en las dificultades lingüísticas propias de la traducción de la poesía. Muchos autores se han planteado la misma pregunta: ¿Es posible traducir poesía? La respuesta tradicional, — y aparentemente certera, - es No. A diferencia de la prosa, la traducción lírica encarna dificultades mucho más complejas, casi insalvables. Entonces, evidentemente nos enfrentamos al enigma de la Esfinge: ¿la traducción es posible muy a pesar de su imposibilidad?

Otros expertos han ido más allá. Sin ambages han afirmado, por ejemplo, que la traducción de poesía «solo puede hacerla alguien que es poeta». Yo considero que esta afirmación es muy sensata. Únicamente los poetas pueden hallarse en la condición más ventajosa para traducir poesía.

En segundo lugar, otra razón, no menos cierta, es la poca «disponibilidad de expertos», conocedores del alma rusa en profundidad, que hayan adquirido un conocimiento vasto y hondo del espíritu, la cultura y la historia. Es evidente que se han formado con relativa facilidad traductores de la prosa, pero no ha sido el caso respecto de la poesía. A este respecto, Marc Slonim clasifica a los traductores de poesía en las siguientes categorías: a) Poetas-traductores; b) Traductores eruditos; c) Honestos aficionados; d) Versificadores de segundo rango [Slonim, 1962]. Y aún con todo ello, dice, los versos traducidos serán casi siempre «desesperadamente pálidos».

En este punto, me parece brillante la expresión de uno de los reconocidos a nivel mundial traductores, Vladímir Nabokov:

¿Qué es la traducción? Sobre una bandejala airada y pálida cabeza de un poeta,el parloteo de un loro, el chillido de un mono,de los muertos la profanación.

En tercer lugar, se han de tomar en consideración los aspectos estrictamente técnicos. Ellos son diversos y de variada dimensión. En el caso de la poesía rusa, al traducirla al español, podemos encontrarnos con las siguientes aristas: las diferencias en la melodía de cada uno de los idiomas; la imposibilidad de manejar la misma métrica y rima en las dos lenguas; las particularidades de expresiones propias, muchas veces incompatibles; la necesidad acuciante de conservar el sentido y contenido sin perder, a la vez, el ritmo y el encanto de la lengua.

Por último, no puedo dejar de lado la necesidad de que la traducción debe ser realizada de la manera más profesional y sensible posible. Para cualquier traductor, se trata de mantener el dominio de un conjunto de «cualidades»: erudición y profundo conocimiento de la cultura, historia y espíritu del pueblo; gran dominio del idioma (tanto del ruso como del español); alta sensibilidad; total compenetración con la personalidad del poeta al que traduces; fidelidad, comprensión de las imágenes; transmisión veraz de las ideas.


¿Cómo seleccionar los poetas y los poemas líricos?

El mundo de las traducciones literarias es un espacio misterioso y apasionante, al cual tienen acceso personas que podríamos llamar privilegiadas. Y, en verdad lo son, puesto que tienen el talento, las herramientas, la voluntad y las destrezas para adentrarse en las páginas de uno y otro lado de las lenguas, aquellas en que han sido escritas las obras, y aquellas a las que se traducen. Al momento de seleccionar los poetas y sus obras, cada traductor deberá establecer sus propios criterios y preferencias. En nuestro caso, el proceso de selección, por así decirlo, arrastraba una larga historia, que venía desde la época cuando estudiaba en la Universidad Estatal de Bakú, la Unión Soviética entonces.

La maestra de idioma ruso, — en la Facultad Preparatoria y, luego, en los años de estudios universitarios, — con afán se preocupó de inculcarnos el amor por la más maravillosa poesía. Desde muy temprano, nos hizo conocer a Pushkin, Lérmontov y Yesenin. Profunda impresión produjo en nuestras almas jóvenes la rebelde y sensible poesía del oficial ruso que había combatido en las montañas del Cáucaso. La romántica poesía de Yesenin sonaba muy cercana a la de nuestros autores ecuatorianos que hablaban del campo, de la madre y sus vacas rojizas, de los anhelos por conquistar el mundo.

Más adelante, tuvimos la suerte de conocer a Aleksandr Blok, primero a través de sus proclamas y sus cantos a Lenin (1917-1924) y los obreros, y más tarde por sus versos de amor y sus reflexiones sobre la vida, las constelaciones y el universo. A mi parecer, Blok es quien más ha logrado expresar los más recónditos sentimientos de soledad frente al mundo, el sentir de nuestra generación controvertida, como diría nuestro poeta Jorge Enrique Adoum⁹ (1926-2009), — «entre Marx y una mujer desnuda», así como los anhelos de libertad a expensas de los sueños personales e íntimos. No fue sino hacia cerca del final de la carrera que nos topamos con M. Tsvetáyeva y A. Ajmátova. Con la primera fue un contacto a través de las canciones que formaron parte del filme «Moscú no cree en lágrimas» («Москва слезам не верит», 1979) y de la cinta «La ironía del destino, o goce de su baño» («Ирония судьбы, или С лёгким паром!», 1976). Fuimos impactados por la suavidad de un verso íntimo y las ilusiones de un amor no enteramente correspondido, pero feliz. El deslumbramiento con Ajmátova llegó a través de sus posturas acerca de la Guerra Patria y su gran amor por el terruño y el orgullo por el espíritu ruso:

...somos gente sin lágrimas,más rectos que ustedes... más orgullosos.

Y así se fueron tejiendo las afinidades poéticas que, luego, con los años, se convirtieron en una frazada, como aquellas que tejía mi madre con sus agujetas que, — como dice Pushkin de su nodriza, — se «estremecían en sus arrugadas manos».Y así han aparecido, en lengua castellana, las obras de los poetas que siempre estuvieron presentes en mis predilecciones, cercanos de una u otra forma por su sensibilidad y búsqueda estética. Estos son los poetas rusos que he amado sin temor y sin tregua, que he leído desde los años de estudios y continúo leyendo sin descanso, siempre con pasión hasta hacerlos propios, como parte esencial de las Letras universales. A estas alturas de la vida, me hallo convencido de que sólo así se puede traducir poesía, de que, pese a las advertencias en contra, quizás, pueda haber logrado algún acierto.


El camino andado: algunos modestos resultados

En cierta ocasión, estaba escuchando la hermosa canción soviética Las Grullas («Журавли», 1969), — inspiración sublime de Yan Frenkel (1920–1989) con versos de Rasul Gamzatov (1923–2003), — cuando me vino a la memoria un recuerdo de mi juventud en la antigua casa de corte inglés que se alzaba sobre los acantilados de Ancón, a orillas del océano Pacífico, donde pasé mis mejores años de meditación, trabajo e inspiración.

Por entonces, al son del bramido de las olas marinas, que subía desde las entrañas del mar, estaba ensayando yo traducir los versos de los dos Aleksandr: Pushkin y Blok— en un intento que no tenía ni Norte ni Sur. Yo vivía solo, - en compañía de un enorme San Bernardo, manso y afable, que sufría lo mismo que yo de soledad y nostalgia, — en una casa inmensa de nueve estancias, y gastaba mis horas en inútiles traducciones que, - pensaba con tristeza, — nunca verían la luz, no serían publicadas y nadie las leería.

Mis amores de juventud habían quedado lejos...; literalmente, se hallaban a miles de kilómetros, muy lejos: allá en las estepas rusas, en las frías tierras nórdicas que el río Nevá baña. Más de una vez, en las horas tristes, había pensado en el abrupto desenlace, al estilo de Tsvetáyeva o el gran Mayakovski, pero cada vez más fuerte había resultado el deseo de vivir. Cavilaba, con cierta frecuencia también, en el momento frágil por el que habría transitado Medardo Ángel Silva (1898–1919) — autor de aquel poema trágico y sublime convertido después en dulce pasillo. En ese entonces, perdidos casi por completo el amor y la esperanza: no me quedaba, quizás, sino el recurso de arrancar de mi pecho la vida, para que se cumpliera el sorprendente anhelo del poeta ecuatoriano:

ya que solo por ti la vida me es amada,el día en que me faltes, me arrancaré la vida ...para expresar mi amor, solamente me quedarasgarme el pecho, amada, y en tus labios de sedadejar mi palpitante corazón que te adora.

Vinieron entonces en mi ayuda los versos de los entrañables poetas rusos, los que yo había conocido y aprendido, también de memoria, en las aulas de estudio, a orillas del mar Caspio y durante los paseos en Arbat. Con su poesía, — clara como una gota de agua fresca y cristalina, — aliviaban mi corazón y me infundían renovado amor por la vida, esperanza en el destino de la Humanidad.

Así pasaron los años; y de aquella época en Ancón quedaron los cuadernos con los versos borroneados en español, los cuales luego han servido de magnífico aliciente y fuente de trabajo para finalizar la obra. Después de los Cuadernos de Ancón, (1985–2000), pude consolidar otros, en los que se reunieron las traducciones de la poesía de M. Lérmontov y S. Yesenin (2000–2009). Y ya a partir de 2010 dediqué mi tiempo a la traducción y consolidación de los Cuadernos de Anna y Marina.

Mi preocupación siempre estuvo centrada en poder brindar a los lectores en Ecuador y América Latina la oportunidad de acercarse a la más excelsa poesía, que había sido producida en las cumbres de las Letras rusas y que había alimentado varias generaciones. Desde luego, yo había podido observar cómo educaban a los niños en los hogares y escuelas, en Bakú, Moscú, Vorónezh, Izhievsk y Leningrado, y me había percatado de la influencia beneficiosa de ese alimento espiritual, y me preguntaba si, de alguna forma, ese mismo alimento podría servir a nuestras jóvenes generaciones.


Aleksandr Blok

Después de Pushkin, según mi criterio, quien ocupa un lugar privilegiado en el Parnaso ruso es Aleksandr Blok. Me impresionan en él su complejidad, la profundidad de sus reflexiones, el planteamiento crucial de las contradicciones. Al leerlo y traducirlo, siempre se me viene a la imaginación la época, pero sobre todo su permanente cuestionamiento de la vida, de las relaciones humanas, de su conexión con el Universo.

Contrario a lo que pensaba Máximo Gorki (escribió: «conversar con Blok no es fácil. A ratos creo que se aleja de todos quienes no comprenden su mundo...»), a mí me parece un ser espiritualmente cercano, poéticamente familiar. Sus palabras fluyen y se reparten como la savia dentro de una planta. Siempre preocupado por el destino del Hombre y la Humanidad, siempre profundo en tratar de desentrañar los sentimientos, siempre sincero y creativo en las formas y las imágenes, su poesía penetra en las fibras y convoca a la reflexión. Sus preocupaciones sociales estuvieron entrelazadas con la mirada personal sobre las cosas y los acontecimientos. Nunca dejó de meditar acerca de la relación entre el micromundo y el gran universo. Vivió y escribió en la vorágine. Trabajó incansablemente hasta ofrendar por completo su vida, olvidándose de sí mismo.

Blok me ha resultado muy cercano y al traducir su poesía siento que se enriquece no solo mi intelecto sino muy especialmente el espíritu. En cada verso puedo atisbar las humanas preocupaciones, siento íntimamente la cercanía de la muerte y el sentido-sinsentido de la efímera vida y, tal como el poeta, anhelo vivir intensamente:

Oh! Vivir quiero intensamente:Todo lo existente — eternizar!Las cosas todas – humanizar!Lo imposible - realizar!¹⁰

He logrado traducir más de 180 poemas líricos de Blok. Se hallan publicados en dos volúmenes por separado: uno en edición bilingüe y otro solamente en versión castellana (que contó con el apoyo del Instituto de la Traducción, de Moscú).

No puedo, aquí, extenderme más sobre los detalles. Los lectores podrán encontrar en los versos traducidos la esencia de la poesía de este gran amador de la Humanidad y luchador por la felicidad. Muchos versos son enigmáticos y a la vez claros, cristalinos, limpios, como debió ser su propio espíritu. Otros van cargados de tristeza, preocupaciones, anhelos. Los más queridos son aquellos que cantan a la primavera y al amor terrenal...


Благословляю всё, что было...

Благословляю всё, что было,Я лучшей доли не искал.О, сердце, сколько ты любило!О, разум, сколько ты пылал!

Пускай и счастие и мукиСвой горький положили след,Но в страстной буре, в долгой скуке —Я не утратил прежний свет.

И ты, кого терзал я новым,Прости меня. Нам быть — вдвоем.Всё то, чего не скажешь словом,Узнал я в облике твоем.

Глядят внимательные очи,И сердце бьет, волнуясь, в грудь,В холодном мраке снежной ночиСвой верный продолжая путь.

15 января 1912 г.


Gracias doy por todo lo vivido...

Gracias doy por todo lo vivido,no he buscado un mejor destino.¡Oh, corazón, cuánto has amado!¡Oh, razón, cuánto has brillado!

No importa si la felicidad y los tormentoshan dejado en mí su impronta fatal,en la batalla impetuosa, en el largo sufrimiento,nunca perdí mi brillo habitual.

Y tú, a quien sin querer he atormentado,¡perdóname! Debemos estar juntos.Todo lo que no has dicho con palabrasen tu semblante lo he adivinado.

Los ojos miran atentos, y en el pechoel corazón palpita con ansiedad,continúa andando su viaje certerode la noche en la fría oscuridad.

Enero 15, 1912


De la traducción de la poesía de Aleksandr Pushkin

Con frecuencia me produce tristeza y preocupación constatar que, en el Ecuador, muy pocas, poquísimas, personas conocen a Pushkin-poeta. Todos estos años hemos vivido cual huérfanos. Al intentar descifrar las razones de esta orfandad respecto de la lírica pushkiniana, nos enfrentamos a una difícil tarea.

Una de esas razones radica en la complejidad y especificidad propia de la lírica pushkiniana. El verso de Pushkin es la expresión perfecta del alma y la cultura rusas, de las características específicas de la lengua rusa. Para poder comprenderlo en toda su profundidad y extensión, es necesario leerlo en ruso. Al respecto, el especialista Marc Slonim ha expresado [Slonim, 1962]: «es muy difícil para los que desconocen el ruso formarse una idea adecuada del genio poético de Pushkin. La constante admiración de sus compatriotas a menudo parece exagerada al lector occidental. Ninguna traducción puede transmitir la unión de sonido, ritmo, imagen y significado que es el secreto del verso de Pushkin y que lo hace tan perfecto como una fuga de Bach o una sonata de Mozart».

Para subrayar esta razón que «justifica» el escaso conocimiento entre nuestros lectores, Marina Kuzminá ha expresado: «La dificultad de traducir a otros idiomas el hechizante verso de Pushkin explica, en parte, el relativamente pobre conocimiento de su obra en el llamado Occidente, sobre todo si lo comparamos con la fama y autoridad de un Dostoyevski, un Tolstoy y un Chéjov» [Kuzmina, 2000: 118].

Existen otras razones, menos «literarias» y más vivenciales. Concretamente hablando, estamos muy distantes de conocer a Pushkin y su obra. La distancia que nos ha separado no son solo los miles de kilómetros de la geografía; son también las largas millas del distanciamiento cultural, social y político. En general, la traducción directa del ruso de las obras líricas ha sido escasa. En particular, como hemos señalado ya, la traducción de la obra lírica de Pushkin es mínima. El gran poeta ruso dejó un legado enorme en producción lírica: 800 versos (poemas líricos). De ese riquísimo arsenal, únicamente ha sido traducida al castellano una cincuentena de versos: lo cual resulta extraordinariamente escaso, totalmente injusto, vergonzosamente exiguo¹¹.


La experiencia

Al abordar la traducción de la poesía de Pushkin, tuve que enfrentar a los siguientes retos:

a) La enorme talla del poeta

Pushkin es un genio. Su talento y formación le permitieron abarcar todo un universo de ideas, sentimientos y conocimientos, que plasmó en sus obras de manera brillante y fundamental. El crítico Yuri Lotman, al estudiar a Pushkin, ha logrado resumir el tema de manera magistral y comprensible para toda alma ilustrada: «El talento de Pushkin no solo era enorme, era específico, precisamente el que se necesitaba para producir un giro mundial. Además de la universalidad específica del pensamiento artístico de Pushkin y de su capacidad para penetrar en el espíritu de diferentes culturas y épocas, sin lugar a dudas, desempeñó un papel importante su amplio conocimiento de la literatura mundial. Ligado orgánicamente a la tradición de la cultura patria, Pushkin era al mismo tiempo un gran conocedor de la cultura francesa, tenía amplios conocimientos en el ámbito de la literatura italiana e inglesa, le interesaban las literaturas alemana y española. Objeto constante de su atención fue la cultura antigua. <...> Todos estos intereses formaban en la conciencia del poeta una concepción unificada de la cultura mundial» [Лотман, 1988: 7-8].

Esto quiere decir, modestamente hablando, que cualquier traductor difícilmente podría alcanzar tales cumbres del conocimiento universal, al momento de ponerse a traducir al poeta ruso.

b) Los aspectos históricos

Pushkin pertenece a los inicios del siglo XIX. Fue un conocedor profundo de la historia de su país y la mundial. El poeta participó activamente en los acontecimientos de su generación y estuvo siempre atento a los más importantes sucesos de la vida social, política, las relaciones internacionales, la paz y la guerra, el desarrollo económico, filosófico y cultural de su época.

Cada poema, cada verso escrito por Pushkin, refleja asuntos y vivencias concretas, condensa ideas, problemas y reflexiones en torno a ellos, pone en escena a personajes que participaron efectivamente. Quien se proponga traducir su lírica debe estar familiarizado y profundizar permanentemente en aquel entorno en que se escribieron determinados versos, de manera que pueda entender con precisión el contexto y las circunstancias [Володарская, 2009: 60–61].

c) Los elementos culturales

Como es ampliamente reconocido, la cultura rusa es muy rica, llena de especificidades y, en una amplia gama de aspectos, bastante distinta de la «cultura occidental». Eso imprime una particular dificultad al momento de la traducción de obras literarias [Monforte Dupret, Chesnokova, 2022: 62–63].

A la par con las preocupaciones acerca de la exactitud lingüística en el ejercicio de traducción, el traductor debe tener sólidos conocimientos de la cultura rusa, ya no solamente de la lengua, sino también de la concepción del mundo ruso, su trayectoria histórica, su espíritu y sus costumbres. Se trata de rebasar, en la lectura de los poemas, los puntos de vista de la técnica, y acercarse al dominio de las cercanías o distancias existentes entre nuestras dos culturas.

Hay que tener siempre en mente que la figura de Pushkin ha trascendido su dimensión artística para ocupar un lugar dominante en la cultura y en el imaginario sentimental de las sucesivas generaciones. Según V. Nabókov, sus versos «evidenciaban una peligrosa libertad de pensamiento por la novedad de su versificación, por la audacia de su fantasía sensual y por su propensión a poner en solfa a tiranos grandes y pequeños»¹².

d) Las dificultades lingüísticas

Desde el punto de vista práctico-lingüista, la solución a los dilemas de la traducción (de poesía) radica en encontrar una interpretación que se base en el principio de que «la traducción poética debe ser un reflejo del texto original en cuerpo y alma». Esto quiere decir que, al momento de traducir a Pushkin, hay que estar dispuesto a cumplir con el principio de uno de los más grandes traductores de todos los tiempos, el ruso V. Nabókov:

Oh, Pushkin, valora mi estratagema:yo descendí por tu tallo secreto,y alcancé la raíz, y me alimenté de ella...

Esta condición es indispensable, pues de otro modo las dificultades de la traducción sólo serán mayores. El traductor que desee hacer bien su trabajo, particularmente en el caso de Pushkin, debe haber sido capaz de descender a su tallo genial y oculto, de alcanzar la raíz de su espíritu y su esencia, y de alimentarse de su savia tanto como fuere posible, a través del estudio cotidiano y perseverante.

Frente a la imposibilidad de la traducción poética, la misión de cualquier traductor consiste en plasmar con la más alta calidad el mensaje y la esencia del autor, haciendo uso de las mejores herramientas y el talento para fundir, en cada verso, una unidad de sonido, ritmo, imagen y significado. A este respecto, Gumiliov ha expresado con claridad: «El traductor de poesía debe procurar ser él mismo un poeta; debe ser un investigador atento y un crítico penetrante, que al elegir lo más característico para cada autor, se permite a sí mismo, en caso necesario, sacrificar lo demás. Debe olvidar su propia personalidad y pensar sólo en la personalidad del autor» [Гумилев, 1919: 29–30; Баскина, 2021: 14].

Y, en cualquier caso, ha de prevalecer el sencillo reconocimiento de las limitaciones. Cuánta razón tuvo Hegel cuando sentenció: «tan sólo en las traducciones es en donde la imitación llega a ser una violencia y un tormento artístico» [Hegel, 1954].


Deducciones

Respecto de las traducciones disponibles de la obra poética de Pushkin al español, se ha de destacar un detalle esencial: la edición de Eduardo Alonso Luengo ofrece una visión de conjunto de la poesía lírica pushkiniana que incluye medio centenar de poemas, entre los que figuran algunos de los más conocidos. Este ha sido, hasta antes de 2022, el mayor esfuerzo realizado para dar a conocer la obra poética de Pushkin en lengua castellana [Волховская, 2017: 29; Оболенская, 1999: 158–171].

Actualmente, en Ecuador, contamos ya con un libro de versos de Pushkin, que los he traducido y publicado (bajo el pseudónimo «Antón Amaruñán») directamente del original ruso.

En efecto, he logrado un importante volumen de Aleksandr Pushkin: son doscientos veinticinco versos (poemas líricos), lo cual lo coloca en primera línea en el mundo de las traducciones. El prólogo se expresa así: «Los he seleccionado con esmero, buscando los más "cotidianos”, los más hermosos y sencillos, comprensibles; es necesario que los lean, que traten de acerarse al poeta, comprenderlo, valorarlo. Si no lo hacen, jamás podrán entender el alma humana, los anhelos del pueblo, los sentimientos profundos y elevados que agitan a otros seres humanos, los elevados ideales hacia los cuales se orienta aquel pueblo con una historia milenaria, una esplendorosa cultura y un futuro promisorio. He pensado en los niños, niñas y jóvenes: especialmente ellos pueden comprender y transformar el mundo. El pueblo de Pushkin educa a sus niños para la vida a través de la poesía, por medio del arte y la lectura: debemos hacer otro tanto en nuestras tierras americanas».

He realizado un esfuerzo sin precedentes en la exposición de datos de toda índole que aportan a la comprensión de la poesía, a través de las Notas de pie de página. En cuanto a la técnica de la traducción, he procurado guardar, como a la niña de los ojos, la fidelidad con lo que expresa el poeta: los lectores en lengua castellana pueden estar seguros de que lo que están leyendo corresponde fielmente a lo que el poeta ha expresado en sus versos. En muchos casos, trataba de expresar, en castellano, la esencia del espíritu ruso, con el cual me he sentido compenetrado como el que más, desde la época de estudios.


Под небом голубым страны своей родной...

Под небом голубым страны своей роднойОна томилась, увядала...Увяла наконец, и верно надо мнойМладая тень уже летала;Но недоступная черта меж нами есть.Напрасно чувство возбуждал я:Из равнодушных уст я слышал смерти вестьИ равнодушно ей внимал я.Так вот кого любил я пламенной душойС таким тяжелым напряженьем,С такою нежною, томительной тоской,С таким безумством и мученьем!Где муки, где любовь? Увы, в душе моейДля бедной, легковерной тени,Для сладкой памяти невозвратимых днейНе нахожу ни слез, ни пени.

1826

Bajo el cielo azul de su país natallanguidecía ella, se marchitaba...¹³Se marchitó al fin, y sobre mi cabezasentí volar su joven sombra;pero hay una línea inaccesible entre los dos.

En vano traté de despertar el sentimiento:de un labio indiferente oí la noticia de su muertey con igual indiferencia la escuché.¡Así que Ella era a quien amé con alma ardiente,con tenacidad tan incansable,con tan punzante y tierna exaltación,con locura y sacro sufrimiento!Y hoy, ¿dónde está el dolor, dónde el amor?Ay, que en mi alma encontrar no puedopara esa pobre, inocente sombra,para el dulce recuerdode aquellos irrecuperables días,ni una lágrima... ni un lamento.

1826

Fiel seguidor de los consejos de Nikolái Gumiliov, he observado estrictamente la estructura, los párrafos y las líneas de los versos pushkinianos (salvo contadísimos casos). Gumiliov enfatiza en la imagen como elemento poético fundamental: tras la elección de la imagen surge inmediatamente la cuestión de su desarrollo y sus proporciones; lo uno (el desarrollo de la imagen) y lo otro (sus proporciones) definen la elección del número de versos y estrofas. En cada traductor está obligado a seguir al autor ciegamente¹⁴. Si el poeta piensa con imágenes, el traductor debe saber transmitirlas de la forma más cercana posible al original.

No sucede lo mismo con la melodía y la rima (sonido y ritmo) que caracteriza al verso y estilo del gran poeta. El aspecto sonoro del verso, – dice N. Gumiliov, - es lo más difícil de transmitir por el traductor [Гумилев, 1919: 28]. En nuestro caso, este asunto se confirma.

La cuestión de la rima ha preocupado a muchos poetas y críticos literarios: en el caso de Pushkin, su genio es tal y su talento tan inmenso, que ha logrado la más perfecta armonía, la más sublime y sencilla perfección. En la traducción, esta tarea es cuasi imposible, de modo que he tratado de solventar la cuestión usando las mayores potencialidades, giros y belleza de que hace gala la lengua castellana.El orden de presentación de las páginas es el cronológico: desde 1814 a 1836. Es decir, que se ha recogido la producción lírica del Pushkin totalmente adolescente y temprano, del joven Pushkin y del Pushkin enteramente maduro.

Este año se cumple el 225°Aniversario del natalicio del poeta y este volumen constituye un homenaje sincero a su figura, que pretende convertirse, además, en premonición y elemento consustancial al esfuerzo de regalarle a la ciudad de Quito, - Luz de América y faro de Cultura Libertaria, — un monumento a Pushkin, en el ideal de unir a los pueblos a través de la poesía y la cultura.


Anna Ajmátova y Marina Tsvetáyeva

En el año 2021 logré la publicación de un hermoso volumen que contiene, — en edición bilingüe ruso-español,— los poemas líricos de Marina Tsvetáyeva y Anna Ajmátova.

En una cosa puedo permanecer constante con toda certeza: considero a Ajmátova y Tsvetáyeva como grandes, importantes poetas y, las dos, maravillosas, en el mismo andarivel con Blok, Mayakovski y Gumiliov. Puedo equivocarme en la apreciación, pero las dos en algo se parecen, y son igualmente admirables sus vidas y sus obras líricas.

Enseguida llama la atención, al leer sus producciones, una permanente combinación de una ebullición interna, del alma, con una construcción vertiginosa del verso; es notoria una habilidad y control de la forma, de una especie de «tormenta interior» con un acabado cuidadoso en el uso del lenguaje. Todo ello constituye un reto significativo para cualquier traductor.

Con frecuencia, lo que hago es leer a Tsvetáyeva y Ajmátova en voz alta, lentamente, por separado, resaltando, enfatizando, suavizando sonidos y rimas — según el ritmo de cada poema lírico — y entonces es más fácil sentir su poesía.

Diré de esta manera: la poesía de Marina Tsvetáyeva es de una extrema precisión y es compleja (no se deja traducir fácilmente). Ella encuentra siempre la palabra exacta, la más contundente y la menos ambigua y a lo largo de la obra va creando nuevas y nuevas formas de expresión. Sus poemas están llenos de referentes clásicos, de dioses desterrados, de imágenes de las tradiciones rusas.

Las dos poetas sintieron siempre con fuerza el compromiso con el destino y la historia del pueblo al que pertenecen. He de confesar que resulta muy complejo transmitir toda esa riqueza en una traducción. He seleccionado muchos poemas líricos que tienen como tema central el amor al pueblo, el patriotismo sincero y puro, el canto a la naturaleza y carácter ruso, la historia y el destino social. El tema del amor y el desamor, los encuentros y los adioses, la espera y el olvido, están también muy presentes en sus versos. Ellas, — Anna y Marina, — anhelaban que no las olvidaran. Y yo cumplo con el deber de ponerlas en Español a disposición del público, — para que las protejan del olvido y de la soledad.

La responsabilidad de los traductores es enorme [Torquemada Sánchez, 2003: 559]. Los pocos que se han dedicado, en distintas etapas, a la traducción directa de la lírica rusa se cuentan con los dedos. Aquello ha sido un significativo esfuerzo, pero con pocos frutos y escasa difusión. La mayor parte de la obra lírica de los grandes poetas rusos está todavía por traducirse a nuestra hermosa lengua castellana. A fin de dar a conocer a los lectores de habla castellana esa maravillosa lírica de valor universal, con todas sus cualidades humanas, estéticas, culturales y civilizatorias, es necesario contar con un mayor esfuerzo de traducción.

Aunque la traducción directa del ruso de los poemas líricos de Pushkin, por la grandeza propia del poeta, por su estilo particular y personalidad, puede resultar una tarea «imposible», cada vez más traductores en distintos países de lengua castellana se han empeñado en proveer aportes sustantivos. En el Ecuador, acabo de publicar un volumen con 225 poemas líricos de Aleksandr Pushkin.

Esta experiencia constituye no solo un aporte al enriquecimiento literario de la sociedad, sino un gran acercamiento de culturas, una herramienta de interculturalidad que permite, a través de la lectura en nuestra lengua, conocer y comprender el mundo ruso, su cultura y valores humanísticos, espirituales.


Notas al pie:

¹ Marco Antonio Cornejo Ubillús es un especialista en literatura y lenguas, promotor cultural y traductor de lírica rusa. Nacido en Quito, Ecuador, ha realizado estudios en Rusia (URSS) y Francia. Su dominio de varias lenguas, tales como: francés, inglés, italiano, portugués y ruso, le ha permitido adentrarse en el ámbito de la interculturalidad y las tareas de la traducción. Escritor, publicista y editor, ha publicado numerosas obras de distintos géneros, desde su primera novela «El Carpintero» hasta cuentos infantiles y numerosos artículos de opinión. Ha realizado un notable aporte a la traducción directa del ruso (bajo el pseudónimo «Antón Amaruñán») y a difusión de las obras de poetas rusos (en español y bilingüe). Entre dichas publicaciones se cuentan los volúmenes que contienen versos selectos de A. Pushkin, A. Ajmátova, M. Tsvietáyeva, A. Blok, F. Tyútchev. Fruto de su trabajo editorial es la «Antología Esencial» del poeta ecuatoriano Antonio Preciado, para la cual realizó la traducción de la maravillosa poesía del poeta esmeraldeño al ruso y francés. Como promotor cultural ha dedicado los dos últimos años al proyecto de construcción del Memorial «Diálogo de Culturas» dedicado a honrar la memoria de dos poetas: el ecuatoriano Medardo Ángel Silva y el ruso Aleksandr Pushkin. Por su labor y aporte a la cultura y consolidación de las relaciones de amistad entre los pueblos, en noviembre de 2023 el Presidente Vladímir Putin le otorgó la Medalla A. Pushkin.

⁶ La memorable antología de Yevgueni Yevtushenko Las estrofas del siglo («Строфы века», 1995) incluye a más de 850 poetas reconocidos, solamente del siglo veinte.

⁷ Nakarov A. Antología de la poesía soviética. Madrid, Júcar. 1974. 265 p.

⁸ Blok A. (trad. Ignátova E., Carvajal I.) La desconocida y otros poemas: Selección de poesía y prosa de Aleksandr Blok. Quito, Ecuador Orogenia. 2009. 126 р.

⁹ Jorge Enrique Adoum — ecuatoriano escritor, poeta, crítico literario, político y diplomático. Uno de los más brillantes representantes de la poesía latinoamericana. En el artículo se cita el título de su primera novela «Entre Marx y una mujer desnuda» (1976). — Nota del editor.

¹⁰ Traducción directa del ruso, de Antón Amaruñán. Blok A. Lírica escogida. Quito. Fundación Cultural CLÉ. 2023.О, я хочу безумно жить:Всё сущее — увековечить,Безличное вочеловечить,Несбывшееся — воплотить!..

¹¹ Ver «Obras completas de Aleksandr Pushkin», en 10 tomos. Moscú. 1960. El mayor volumen de versos traducidos de Pushkin (una cincuentena) ha sido logrado por Eduardo Alonso Luengo. (España, 1999).

¹² Véase Pushkin A. Eugene Onegin. A Novel in Verse. Translated from the Russian, with a Commentary by Vladimir Nabokov. New York. Pantheon Books. 1964.

¹³ Debajo del poema, en el manuscrito, hay notas abreviadas sobre la muerte de Riznich, así como sobre la muerte de los Decembristas. Este verso fue inspirado por la noticia de la muerte de Amalia Riznich, acaecida en 1825 en Florencia, adonde había viajado desde Odessa en mayo de 1824.

¹⁴ «Es imposible abreviar o alargar el verso sin cambiar al mismo tiempo su tono, incluso si se ha conservado la cantidad de imágenes. Y el laconismo y la amorfia de la imagen se determinan por la intención, y cada línea sobrante o insuficiente cambia el grado de su tensión. Por lo que se refiere a las estrofas, cada una de ellas crea un curso del pensamiento no parecido a ningún otro» [Гумилев, 1919: 26].



 
 
 

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