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POESÍA CLÁSICA RUSA EN ESPAÑOL(Ensayo sobre problemas y experiencias de la traducción)


Para: CUADERNOS IBEROAMERICANOS

Número 4: Tema principal "Líneas de contacto de las culturas Rusia/Latinoamérica" - Соприкосновения культур Россия/Латинская Америка.


 

Mi padre siendo tan pobre dejó una herencia fastuosa…

Hoy día alzamos la voz como una sola memoria:

desde Ayacucho hasta Angola,

de Río Verde a Mozambique

ya no hay nadie que replique:

¡somos una misma historia! 

Coplas de inti Illimani



Declaración de divulgación: el autor declara que este ensayo se publica por primera vez; y que no existe potencial conflicto de intereses.


Introducción

Los vínculos culturales entre los pueblos de América Latina y Rusia han sido, tradicionalmente, muy fuertes, pese a la distancia geográfica y la influencia de diversos factores, acerca de los cuales, por el momento, no queremos extendernos.

La literatura rusa siempre encontró suelo fértil en los círculos intelectuales de Latinoamérica y, en algunos casos, en amplias capas de la población, incluyendo los sistemas educativos (planteles de educación media y superior), las salas de las bibliotecas, las instituciones de arte y cultura, el teatro y el cine.

Durante la época de la URSS, la literatura soviética (rusa y otras nacionalidades) ejerció notable influencia en las esferas de la lucha social, en la educación de masas, en la lucha política, prácticamente en todos los países latinoamericanos. Ecuador no fue la excepción. Por el contrario, en el país se difundieron copiosamente,- particularmente a través de las publicaciones que realizó la Editorial Progreso,- las obras de algunos autores rusos.

Entre las principales obras que circularon ampliamente, podemos citar: la novela “La Madre” de Máximo Górkiy, los poemas líricos (obra poética) de Evguéniy Yevtushenko y Vladímir Mayakóvskiy, algunos de los cuentos de Aleksandr Pushkin y todos los de Antón Chéjov, las grandes novelas de Fiódor Dostoyévskiy y León Tolstóy, los relatos de Iván Turguéniev, así como la novela principal de Nikolay Gógol “Almas muertas” y de Boris Pasternak “Doctor Zhivago”. En los círculos pedagógicos especializados fue ampliamente estudiado Antón Makárenko, con su obra “Poema Pedagógico”.

Con posterioridad, adquirieron fama las obras de Vladímir Nabókov (Lolita) y de Mijaíl Bulgákov (El Maestro y Margarita).

Bien podemos afirmar que la literatura rusa no solo ha influido en el panorama literario mundial y latinoamericano, sino que también ha servido como una ventana abierta hacia el conocimiento de la historia y la cultura de Rusia. Además, ha sido un potente vehículo para la difusión de las ideas, de los temas universales del espíritu humano, con una sensibilidad única, profunda y fecunda. La complejidad de los temas tratados, así como la riqueza y particularidad del dominio estilístico y del lenguaje, han constituido un gran atractivo para reflejar las profundas transformaciones sociales, políticas y del pensamiento. Nuestro público se ha enriquecido con estas obras y su legado ha inspirado y continúa inspirando a lectores y escritores de toda América Latina.

En este contexto, debemos decir unas cuantas palabras acerca de la poesía rusa, que ha sido publicada en lengua española. La obra poética no ha tenido, ciertamente, la suerte de la prosa. Seguramente por las dificultades propias de la traducción, la poesía ha sido escasa y nuestro público no ha tenido la dicha de acercarse a los grandes poetas rusos, salvo determinadas excepciones.

Me atrevo a afirmar que las producciones en verso han quedado durante mucho tiempo relegadas, ausentes. En la segunda mitad del siglo pasado se difundieron algunos poemas líricos de Evgueniy Yevtushenko y, bajo el empuje del auge del movimiento social de la época, vio la luz un libro con poemas líricos del gran Vladímir Mayakóvskiy. Un poco más tarde, a la par de una oleada con los versos de Boris Pasternak, en lengua española apareció el “Requiem” de Anna Ajmátova y una docena de versos de Aleksandr Blok. Pero sobre este tema, precisamente, escribiremos más adelante en el presente ensayo.


La poesía y literatura rusas en América Latina: aspectos generales

Los vínculos culturales, primeras traducciones

Los países de América Latina, a pesar de encontrarse geográficamente muy distantes de Rusia,- y desafortunadamente bajo la influencia directa de EEUU,- han podido crear y mantener lazos culturales y diplomáticos con el país eslavo. Numerosos han sido los contactos y variadas las vías de esta relación.

No podemos dejar de mencionar el tremendo impacto e influencia que ejerció la Revolución de Octubre. No hay duda alguna respecto del enorme interés que despertaron los acontecimientos de los Soviets y las expectativas que crecieron en torno a la construcción de una nueva sociedad. Ya en ese momento, el factor de la transformación cultural tuvo una valiosa influencia: mucho se habló de los nuevos horizontes que se abrían para las grandes masas populares ansiosas de educación y cultura.

Más adelante, fueron motivo de interés y orgullo los avances en las áreas de la ciencia, la educación, el deporte, los vuelos espaciales. Todos los latinoamericanos de la época recuerdan con fervor y cariño el rostro ruso sonriente de Yuri Gagarin- el primer cosmonauta del planeta Tierra. Y también fue motivo de admiración Valentina Tereshkova, como primera mujer en viajar al espacio.

En los aspectos que tienen que ver con la cultura, los impactos fueron largamente notorios. El público esperaba con interés las giras de los grupos de ballet, ya sea del Bolshoy, el Teatro Marinskiy u otros grupos, pero también los grupos de espectáculos sobre el hielo, así como del famoso circo ruso. Por su parte, el cine ruso contaba con su propio espacio y un público sediento de apreciar las excelentes obras de este género.

Ya en el plano de la literatura, es cierta la presencia de los grandes escritores rusos, desde Gógol hasta Dostoyévskiy. Ninguna persona que quisiera considerarse culta en nuestro medio podía dejar de leer a toda la pléyade de escritores. En ello, el mérito se debió a las traducciones que nos vinieron de España. Los lectores pudieron tener acceso a prácticamente todas las obras de Liev Tosltóy, a la mayoría de las de Fiódor Dostoyévskiy, a las principales de Nokoláy Gógol, a todos los cuentos cortos de Antón Chéjóv, así como a ciertas obras escritas por Boris Pasternak y parte de la prosa de Aleksandr Pushkin. Recuerdo muy bien una preciosa edición cubana de “El héroe de nuestro tiempo”- de M. Lérmontov, que traía junto a la novela una docena de versos del poeta.

Cito, por curioso, el resultado de las investigaciones de George Schanzer, quien confirma la publicación de obras en prosa de Pushkin, en la Revista Europea de Madrid, ya en 1876. De allí llegaron pronto a América. Hace referencia a tres relatos—"Un tiro", "El constructor de ataúdes", y "La hija del capitán". Haremos mención, además, de la obra “La nevada” o “El torbellino de nieve”, pronto traducida del francés, que llama la atención “por encontrase mencionada en los impresos de El Museo Universal de Madrid, en 1863”.[1]  


La música y la poesía

En su momento, obtuvieron enorme relevancia varios compositores rusos. El más conocido, indiscutiblemente, es Piotr Chaykóvskiy, pero también alcanzaron fama las producciones de Serguey Prokofiev, Mijaíl Glinka y Dmitri Shastakóvich. En menor medida, siempre estuvieron presentes compositores de la talla de Serguey Rajmáninov e Igor Stravinskiy.

A diferencia de la música (que “llega sola y no necesita traducción”), en el tema de la poesía, el panorama se presenta,- diremos,- desolador. He de atreverme a expresar que los poetas rusos, en general, son muy poco conocidos en Ecuador y parte de Latinoamérica. Aún hoy día, el público conoce poco de la poesía rusa.

Si bien las obras en prosa fueron pronto conocidas y ávidamente leídas, los clásicos rusos de la poesía han permanecido ausentes. La mayoría del público ignora que Pushkin y Lérmontov fueron ante todo poetas. Algunas personas han llegado a conocer a Mayakósvkiy, Blok, Ajmátova y Pasternak. Pero inclusive en este caso, su acercamiento tuvo más que ver con las exigencias de la lucha social que con la poesía propiamente.

De otros poetas, tales como: Mándelshtam, Esenin, Tsvietáyeva, Iván Bunin, Andréi Bieliy, Nikolay Gumiliov, Sacha Chorniy, Jodassievich…, se ha traducido muy poco o nada y, por tanto, los lectores se han privado de su poesía. Notables y deliciosos poetas como Gavrila Derzhavin, Fiódor Tyútchev y Vasíliy Zhukóvskiy son unos completos desconocidos. De Afanasiy Fet (el Gustavo Adolfo Becquer ruso), por ejemplo, no se tiene ni idea en este lado del mundo.

Por lo demás, hay que tener siempre en mente que la poesía rusa es un mar inacabable, simplemente inconmensurable. [2]

Y sin embargo, hemos de mencionar aquí una joya editorial. En 1974 vio la luz un librito-compendio de poesía: “Antología de poesía soviética”.[3] En esta publicación que, según sus autores, “fue recopilada por un grupo de poetas soviéticos y para la cual no pocos de esos poemas líricos fueron directamente traducidos al castellano por algunos garantizados conocedores de la lengua rusa”, se recogieron los versos (uno o dos de cada autor) de sesenta y siete (67) poetas. Por lo demás, se explica que, cuando no se pudo traducir directamente del ruso, “el equipo de las Ediciones en Lenguas Extranjeras de Moscú se encargó de realizar unas primitivas versiones que fueron posteriormente enviadas — en copia bilingüe y con las correspondientes notas aclaratorias— a los distintos escritores españoles e hispanoamericanos cuyos nombres aparecen así asociados a esta antología”.

En las páginas de aquel libro,- que de alguna forma no debió pasar desapercibido pero que se ha perdido para el público, aparecen, así, versos de poetas, tales como: Blok, Ajmátova, Pasternak, Mayakóvskiy, Esenin, Símonov, Rozhdéstvenskiy, Voznesenskiy, Yevtushenko, amén de las baladas de Ashanin, Akudzhava y Drúnina.

Debe considerarse el aporte de publicaciones como esta para la difusión de la poesía rusa.

Poetas rusos en Ecuador. Traductores

Según nuestra experiencia y análisis, durante la segunda mitad del siglo veinte, tres poetas han gozado del particular aprecio del público en el Ecuador: Vladímir Mayakóvskiy, Boris Pasternak y Evgueniy Yevtushenko. Más adelante, a fines del siglo veinte y comienzos del veintiuno, han aparecido traducciones de los poemas líricos de Aleksandr Blok, Anna Ajmátova y Marina Tsvietáyeva. Y únicamente durante los dos últimos decenios han ido apareciendo, en mayor volumen, los poemas líricos de Pushkin, Esenin, Lérmontov, y otros poetas clásicos y más contemporáneos.

A esta tarea ha contribuido la traducción directa del ruso que ha realizado el equipo de Ekaterina Ignátova y los esfuerzos de Antón Amaruñán. [4] Como veremos más adelante, Amaruñán ha traducido y publicado varios volúmenes con los poemas líricos de siete poetas rusos de capital importancia. Y la tarea está por completarse.

Nuestra experiencia en la traducción de poesía rusa

Aspectos generales metodológicos

Partimos de las preguntas fundamentales: ¿Es posible la traducción poética?, ¿Por qué razones los grandes poetas rusos, en general, son muy poco conocidos en el mundo de habla castellana?, ¿Qué problemas/virtudes tiene la traducción directa del ruso?

En primer lugar, debemos poner el acento en las dificultades lingüísticas propias de la traducción de la poesía. Muchos autores se han planteado la misma pregunta: ¿Es posible traducir poesía? La respuesta tradicional,- y aparentemente certera,- es No. A diferencia de la prosa, la traducción lírica encarna dificultades mucho más complejas, casi insalvables. Entonces, evidentemente nos enfrentamos al enigma de la Esfinge: ¿la traducción es posible muy a pesar de su imposibilidad?

Otros expertos han ido más allá. Sin ambages han afirmado, por ejemplo, que la traducción de poesía “solo puede hacerla alguien que es poeta”. Yo considero que esta afirmación es muy sensata. Únicamente los poetas pueden hallarse en la condición más ventajosa para traducir poesía.

En segundo lugar, otra razón, no menos cierta, es la poca “disponibilidad de expertos”, conocedores del alma rusa en profundidad, que hayan adquirido un conocimiento vasto y hondo del espíritu, la cultura y la historia. Es evidente que se han formado con relativa facilidad traductores de la prosa, pero no ha sido el caso respecto de la poesía. A este respecto, Marc Slonim clasifica a los traductores de poesía en las siguientes categorías: a) Poetas-traductores; b) Traductores eruditos; c) Honestos aficionados; d) Versificadores de segundo rango.[5] Y aún con todo ello, dice, los versos traducidos serán casi siempre “desesperadamente pálidos”.

En este punto, me parece brillante la expresión de uno de los reconocidos a nivel mundial traductores, Vladímir Nabókov:

«¿Qué es la traducción? Sobre una bandeja

la airada y pálida cabeza de un poeta,

el parloteo de un loro, el chillido de un mono,

de los muertos la profanación»  [6]

 

En tercer lugar, se han de tomar en consideración los aspectos estrictamente técnicos. Ellos son diversos y de variada dimensión. En el caso de la poesía rusa, al traducirla al español, podemos encontrarnos con las siguientes aristas: las diferencias en la melodía de cada uno de los idiomas; la imposibilidad de manejar la misma métrica y rima en las dos lenguas; las particularidades de expresiones propias, muchas veces incompatibles; la necesidad acuciante de conservar el sentido y contenido sin perder, a la vez, el ritmo y el encanto de la lengua.

Por último, no puedo dejar de lado la necesidad de que la traducción debe ser realizada de la manera más profesional y sensible posible. Para cualquier traductor, se trata de mantener el dominio de un conjunto de “cualidades”: erudición y profundo conocimiento de la cultura, historia y espíritu del pueblo; gran dominio del idioma (tanto del ruso como del español); alta sensibilidad; total compenetración con la personalidad del poeta al que traduces; fidelidad, comprensión de las imágenes; transmisión veraz de las ideas.


¿Cómo seleccionar los poetas y los poemas líricos?

El mundo de las traducciones literarias es un espacio misterioso y apasionante, al cual tienen acceso personas que podríamos llamar privilegiadas. Y, en verdad lo son, puesto que tienen el talento, las herramientas, la voluntad y las destrezas para adentrarse en las páginas de uno y otro lado de las lenguas, aquellas en que han sido escritas las obras, y aquellas a las que se traducen. Al momento de seleccionar los poetas y sus obras, cada traductor deberá establecer sus propios criterios y preferencias. En nuestro caso, el proceso de selección, por así decirlo, arrastraba una larga historia, que venía desde la época de la Universidad.

La maestra de idioma ruso,- en la Facultad Preparatoria y, luego, en los años de estudios universitarios,- con afán se preocupó de inculcarnos el amor por la más maravillosa poesía. Desde muy temprano, nos hizo conocer a Pushkin, Lérmontov y Esenin. Profunda impresión produjo en nuestras almas jóvenes la rebelde y sensible poesía del oficial ruso que había combatido en las montañas del Cáucaso. La romántica poesía de Esenin sonaba muy cercana a la de nuestros autores ecuatorianos que hablaban del campo, de la madre y sus vacas rojizas, de los anhelos por conquistar el mundo.

Más adelante, tuvimos la suerte de conocer a Aleksandr Blok, primero a través de sus proclamas y sus cantos a Lenin y los obreros, y más tarde por sus versos de amor y sus reflexiones sobre la vida, las constelaciones y el universo. A mi parecer, Blok es quien más ha logrado expresar los más recónditos sentimientos de soledad frente al mundo, el sentir de nuestra generación controvertida,- como diría nuestro poeta Jorge Enrique Adoum,- “entre Marx y una mujer desnuda”, así como los anhelos de libertad a expensas de los sueños personales e íntimos. No fue sino hacia cerca del final de la carrera que nos topamos con M. Tsvietáyeva y A. Ajmátova. Con la primera fue un contacto a través de las canciones que formaron parte de las cintas “Moscú no cree en lágrimas” e “Ironía del destino”. Fuimos impactados por la suavidad de un verso íntimo y las ilusiones de un amor no enteramente correspondido, pero feliz. El deslumbramiento con Ajmátova llegó a través de sus posturas acerca de la Guerra Patria y su gran amor por el terruño y el orgullo por el espíritu ruso:

somos gente sin lágrimas,

más rectos que ustedes... más orgullosos.


Así se fueron tejiendo las afinidades poéticas que, luego, con los años, se convirtieron en una frazada, como aquellas que tejía mi madre con sus agujetas que,- como dice Pushkin de su nodriza,- se “estremecían en sus arrugadas manos”. Y así han aparecido, en lengua castellana, las obras de los poetas que siempre estuvieron presentes en mis predilecciones, cercanos de una u otra forma por su sensibilidad y búsqueda estética. Estos son los poetas rusos que he amado sin temor y sin tregua, que he leído desde los años de estudios y continúo leyendo sin descanso, siempre con pasión hasta hacerlos propios, como parte esencial de las Letras universales. A estas alturas de la vida, me hallo convencido de que sólo así se puede traducir poesía, de que, pese a las advertencias en contra, quizás, pueda haber logrado algún acierto.


El camino andado: algunos modestos resultados

En cierta ocasión, estaba escuchando la hermosa canción soviética Las Grullas,- inspiración sublime de Yan Frénkel con versos de Rasul Gamzátov,- cuando me vino a la memoria un recuerdo de mi juventud en la antigua casa de corte inglés que se alzaba sobre los acantilados de Ancón, a orillas del océano Pacífico, donde pasé mis mejores años de meditación, trabajo e inspiración. Por entonces, al son del bramido de las olas marinas, que subía desde las entrañas del mar, estaba ensayando yo traducir los versos de los dos Aleksandr: Pushkin y Blok–  en un intento que no tenía ni Norte ni Sur. Yo vivía solo,– en compañía de un enorme San Bernardo, manso y afable, que sufría lo mismo que yo de soledad y nostalgias,– en una casa inmensa de nueve estancias, y gastaba mis horas en inútiles traducciones que,– pensaba con tristeza,– nunca verían la luz, no serían publicadas y nadie las leería.

Mis amores de juventud habían quedado lejos…; literalmente, se hallaban a miles de kilómetros, muy lejos: allá en las estepas rusas, en las frías tierras nórdicas que el río Nevá baña. Más de una vez, en las horas tristes, había pensado en el abrupto desenlace, al estilo de Tsvietáyeva o el gran Mayakóvskiy, pero cada vez más fuerte había resultado el deseo de vivir. Cavilaba, con cierta frecuencia también, en el momento frágil por el que habría transitado Medardo Ángel Silva– autor de aquel poema trágico y sublime convertido después en dulce pasillo. En ese entonces, perdidos casi por completo el amor y la esperanza: no me quedaba, quizás, sino el recurso de arrancar de mi pecho la vida, para que se cumpliera el sorprendente anhelo del poeta ecuatoriano:

ya que solo por ti la vida me es amada,

el día en que me faltes, me arrancaré la vida …

… para expresar mi amor, solamente me queda

rasgarme el pecho, amada, y en tus labios de seda

dejar mi palpitante corazón que te adora.

 

Vinieron entonces en mi ayuda los versos de los entrañables poetas rusos, los que yo había conocido y aprendido, también de memoria, en las aulas de estudio, a orillas del mar Caspio y durante los paseos en Arbat. Con su poesía,– clara como una gota de agua fresca y cristalina,– aliviaban mi corazón y me infundían renovado amor por la vida, esperanza en el destino de la Humanidad.

Así pasaron los años; y de aquella época en Ancón quedaron los cuadernos con los versos borroneados en español, los cuales luego han servido de magnífico aliciente y fuente de trabajo para finalizar la obra. Después de los Cuadernos de Ancón, (1985-2000), pude consolidar otros, en los que se reunieron las traducciones de la poesía de M. Lérmontov y S.- Esenin (2000-2009). Y ya a partir de 2010 dediqué mi tiempo a la traducción y consolidación de los Cuadernos de Anna y Marina.

Mi preocupación siempre estuvo centrada en poder brindar a los lectores en Ecuador y América Latina la oportunidad de acercarse a la más excelsa poesía, que había sido producida en las cumbres de las Letras rusas y que había alimentado varias generaciones. Desde luego, yo había podido observar cómo educaban a los niños en los hogares y escuelas, en Bakú, Moscú, Vorónezh, Izhievsk y Leningrado, y me había percatado de la influencia beneficiosa de ese alimento espiritual, y me preguntaba si, de alguna forma, ese mismo alimento podría servir a nuestras jóvenes generaciones.


Aleksandr Blok

Después de Pushkin, según mi criterio, quien ocupa un lugar privilegiado en el Parnaso ruso es Aleksandr Blok. Me impresionan en él su complejidad, la profundidad de sus reflexiones, el planteamiento crucial de las contradicciones. Al leerlo y traducirlo, siempre se me viene a la imaginación la época, pero sobre todo su permanente cuestionamiento de la vida, de las relaciones humanas, de su conexión con el Universo.

Contrario a lo que pensaba Maksim Górkiy (escribió: “conversar con Blok no es fácil. A ratos creo que se aleja de todos quienes no comprenden su mundo…”), a mí me parece un ser espiritualmente cercano, poéticamente familiar. Sus palabras fluyen y se reparten como la savia dentro de una planta. Siempre preocupado por el destino del Hombre y la Humanidad, siempre profundo en tratar de desentrañar los sentimientos, siempre sincero y creativo en las formas y las imágenes, su poesía penetra en las fibras y convoca a la reflexión. Sus preocupaciones sociales estuvieron entrelazadas con la mirada personal sobre las cosas y los acontecimientos. Nunca dejó de meditar acerca de la relación entre el micromundo y el gran universo. Vivió y escribió en la vorágine. Trabajó incansablemente hasta ofrendar por completo su vida, olvidándose de sí mismo.

Blok me ha resultado muy cercano y al traducir su poesía siento que se enriquece no solo mi intelecto sino muy especialmente el espíritu. En cada verso puedo atisbar las humanas preocupaciones, siento íntimamente la cercanía de la muerte y el sentido-sinsentido de la efímera vida y, tal como el poeta, anhelo vivir intensamente:

Oh! Vivir quiero intensamente:

Todo lo existente- eternizar!

Las cosas todas-  humanizar!

Lo imposible- realizar! [7]

 

He logrado traducir más de 180 poemas líricos de Blok. Se hallan publicados en dos volúmenes por separado: uno en edición bilingüe y otro solamente en versión castellana (que contó con el apoyo del Instituto de la Traducción, de Moscú).

No puedo, aquí, extenderme más sobre los detalles. Los lectores podrán encontrar en los versos traducidos la esencia de la poesía de este gran amador de la Humanidad y luchador por la felicidad.  Muchos versos son enigmáticos y a la vez claros, cristalinos, limpios, como debió ser su propio espíritu. Otros van cargados de tristeza, preocupaciones, anhelos. Los más queridos son aquellos que cantan a la primavera y al amor terrenal…


De la traducción de la poesía de Aleksandr Pushkin

Con frecuencia me produce tristeza y preocupación constatar que, en el Ecuador, muy pocas, poquísimas, personas conocen a Pushkin-poeta. Todos estos años hemos vivido cual huérfanos. Al intentar descifrar las razones de esta orfandad respecto de la lírica pushkiniana, nos enfrentamos a una difícil tarea.

Una de esas razones radica en la complejidad y especificidad propia de la lírica pushkiniana. El verso de Pushkin es la expresión perfecta del alma y la cultura rusas, de las características específicas de la lengua rusa. Para poder comprenderlo en toda su profundidad y extensión, es necesario leerlo

en ruso. Al respecto, el especialista Marc Slonim ha expresado: [8]

 “es muy difícil para los que desconocen el ruso formarse una idea adecuada del genio poético de Pushkin. La constante admiración de sus compatriotas a menudo parece exagerada al lector occidental. Ninguna traducción puede transmitir la unión de sonido, ritmo, imagen y significado que es el secreto del verso de Pushkin y que lo hace tan perfecto como una fuga de Bach o una sonata de Mozart.” [9]  

Para subrayar esta razón que “justifica” el escaso conocimiento entre nuestros lectores, Marina Kuzminá ha expresado:

“La dificultad de traducir a otros idiomas el hechizante verso de Pushkin explica, en parte, el relativamente pobre conocimiento de su obra en el llamado Occidente, sobre todo si lo comparamos con la fama y autoridad de un Dostoyevski, un Tolstoy y un Chéjov.”

Existen otras razones, menos “literarias” y más vivenciales. Concretamente hablando, estamos muy distantes de conocer a Pushkin y su obra. La distancia que nos ha separado no son solo los miles de kilómetros de la geografía; son también las largas millas del distanciamiento cultural, social y político. En general, la traducción hecha directamente a partir del original ruso (no de las versiones en francés o inglés) de las obras líricas ha sido escasa. En particular, como hemos señalado ya, la traducción de la obra lírica de Pushkin es mínima. El gran poeta ruso dejó un legado enorme en producción lírica: 800 versos (poemas líricos). De ese riquísimo arsenal, únicamente ha sido traducida al castellano una cincuentena de versos: lo cual resulta extraordinariamente escaso, totalmente injusto, vergonzosamente exiguo.[10]


La experiencia

Al proponerme abordar la traducción de la poesía de Pushkin, hube de enfrentar los siguientes retos:


i)               La enorme talla del poeta 

Pushkin es un genio. Su talento y formación le permitieron abarcar todo un universo de ideas, sentimientos y conocimientos, que plasmó en sus obras de manera brillante y fundamental. El crítico Yuri Lotman, al estudiar a Pushkin, ha logrado resumir el tema de manera magistral y comprensible para toda alma ilustrada: [11] 

“El talento de Pushkin no solo era enorme, era específico, precisamente el que se necesitaba para producir un giro mundial. Además de la universalidad específica del pensamiento artístico de Pushkin y de su capacidad para penetrar en el espíritu de diferentes culturas y épocas, sin lugar a dudas, desempeñó un papel importante su amplio conocimiento de la literatura mundial. Ligado orgánicamente a la tradición de la cultura patria, Pushkin era al mismo tiempo un gran conocedor de la cultura francesa, tenía amplios conocimientos en el ámbito de la literatura italiana e inglesa, le interesaban las literaturas alemana y española. Objeto constante de su atención fue la cultura antigua. […] Todos estos intereses formaban en la conciencia del poeta una concepción unificada de la cultura mundial.”

Esto quiere decir, modestamente hablando, que cualquier traductor difícilmente podría alcanzar tales cumbres del conocimiento universal, al momento de ponerse a traducir al poeta ruso.


ii)             Los aspectos históricos

Pushkin pertenece a los inicios del siglo XIX. Fue un conocedor profundo de la historia de su país y la mundial. El poeta participó activamente en los acontecimientos de su generación y estuvo siempre atento a los más importantes sucesos de la vida social, política, las relaciones internacionales, la paz y la guerra, el desarrollo económico, filosófico y cultural de su época.

Cada poema, cada verso escrito por Pushkin, refleja asuntos y vivencias concretas, condensa ideas, problemas y reflexiones en torno a ellos, pone en escena a personajes que participaron efectivamente. Quien se proponga traducir su lírica debe estar familiarizado y profundizar permanentemente en aquel entorno en que se escribieron determinados versos, de manera que pueda entender con precisión el contexto y las circunstancias. 


iii)            Los elementos culturales

Como es ampliamente reconocido, la cultura rusa es muy rica, llena de especificidades y, en una amplia gama de aspectos, bastante distinta de la “cultura occidental”. Eso imprime una particular dificultad al momento de la traducción de obras literarias.

A la par con las preocupaciones acerca de la exactitud lingüística en el ejercicio de traducción, cualquier traductor debe tener sólidos conocimientos de la cultura rusa, ya no solamente de la lengua, sino también de la concepción del mundo ruso, su trayectoria histórica, su espíritu y sus costumbres. Se trata de rebasar, en la lectura de los poemas, los puntos de vista de la técnica, y acercarse al dominio de las cercanías o distancias existentes entre nuestras dos culturas.

Hay que tener siempre en mente que la figura de Pushkin ha trascendido su dimensión artística para ocupar un lugar dominante en la cultura y en el imaginario sentimental de las sucesivas generaciones. Según V. Nabókov, sus versos «evidenciaban una peligrosa libertad de pensamiento por la novedad de su versificación, por la audacia de su fantasía sensual y por su propensión a poner en solfa a tiranos grandes y pequeños». [12]


iv)            Las dificultades linguísticas

Desde el punto de vista práctico-lingüista, la solución a los dilemas de la traducción (de poesía) radica en encontrar una interpretación que se base en el principio de que “la traducción poética debe ser un reflejo del texto original en cuerpo y alma”. Esto quiere decir que, al momento de traducir a Pushkin, hay que estar dispuestos a cumplir con el principio de uno de los más grandes traductores de todos los tiempos, el ruso V. Nabókov:[13]

Oh, Pushkin, valora mi estratagema:

yo descendí por tu tallo secreto,

y alcancé la raíz, y me alimenté de ella…

 

Esta condición es indispensable, pues de otro modo las dificultades de la traducción sólo serán mayores. El traductor que desee hacer bien su trabajo, particularmente en el caso de Pushkin, debe haber sido capaz de descender a su tallo genial y oculto, de alcanzar la raíz de su espíritu y su esencia, y de alimentarse de su savia tanto como fuere posible, a través del estudio cotidiano y perseverante.

Frente a la imposibilidad de la traducción poética, la misión consiste en plasmar con la más alta calidad el mensaje y la esencia del autor, haciendo uso de las mejores herramientas y el talento para fundir, en cada verso, una unidad de sonido, ritmo, imagen y significado. A este respecto, Gumiliov ha expresado con claridad:

“el traductor de poesía debe procurar ser él mismo un poeta; debe ser un investigador atento y un crítico penetrante, que al elegir lo más característico para cada autor, se permite a sí mismo, en caso necesario, sacrificar lo demás. Debe olvidar su propia personalidad y pensar sólo en la personalidad del autor.” [14]

Y, en cualquier caso, ha de prevalecer el sencillo reconocimiento de las limitaciones. Cuánta razón tuvo Hegel cuando sentenció: “tan sólo en las traducciones es en donde la imitación llega a ser una violencia y un tormento artístico”. [15]


Deducciones

Respecto de las traducciones disponibles de la obra poética de Pushkin al español, se ha de destacar un detalle esencial: la edición de Eduardo Alonso Luengo ofrece una visión de conjunto de la poesía lírica pushkiniana que incluye medio centenar de poemas, entre los que figuran algunos de los más conocidos. [16]  Este ha sido, hasta antes de 2022, el mayor esfuerzo realizado para dar a conocer la obra poética de Pushkin en lengua castellana.

Actualmente, en Ecuador, contamos ya con un libro de versos de Pushkin, que los he traducido y publicado (bajo el pseudónimo “Antón Amaruñán”) directamente del original ruso.

En efecto, he logrado un importante volumen de Aleksandr Pushkin: son doscientos veinte y cinco versos (poemas líricos), lo cual lo coloca en primera línea en el mundo de las traducciones. En el prólogo se expresa así: “Los he seleccionado con esmero, buscando los más “cotidianos”, los más hermosos y sencillos, comprensibles; es necesario que los lean, que traten de acerarse al poeta, comprenderlo, valorarlo. Si no lo hacen, jamás podrán entender el alma humana, los anhelos del pueblo, los sentimientos profundos y elevados que agitan a otros seres humanos, los elevados ideales hacia los cuales se orienta aquel pueblo con una historia milenaria, una esplendorosa cultura y un futuro promisorio. He pensado en los niños, niñas y jóvenes: especialmente ellos pueden comprender y transformar el mundo. El pueblo de Pushkin educa a sus niños para la vida a través de la poesía, por medio del arte y la lectura: debemos hacer otro tanto en nuestras tierras americanas”.

He realizado un esfuerzo sin precedentes en la exposición de datos de toda índole que aportan a la comprensión de la poesía, a través de las Notas de pie de página. En cuanto a la técnica de la traducción, he procurado guardar, como a la niña de los ojos, la fidelidad con lo que expresa el poeta: los lectores en lengua castellana pueden estar seguros de que lo que están leyendo corresponde fielmente a lo que el poeta ha expresado en sus versos. En muchos casos, he logrado expresar, en castellano, la esencia del espíritu ruso, con el cual me he sentido compenetrado como el que más, desde la época de estudios.

Fiel seguidor de los consejos de Nikolay Gumiliov, he observado estrictamente la estructura, los párrafos y las líneas de los versos pushkinianos (salvo contadísimos casos). Gumiliov enfatiza en la imagen como elemento poético fundamental: tras la elección de la imagen surge inmediatamente la cuestión de su desarrollo y sus proporciones; lo uno (el desarrollo de la imagen) y lo otro (sus proporciones) definen la elección del número de versos y estrofas. En esto, cada traductor está obligado a seguir al autor ciegamente. [17] Si el poeta piensa con imágenes, el traductor debe saber transmitirlas de la forma más cercana posible al original.

No sucede lo mismo con la melodía y la rima (sonido y ritmo) que caracteriza al verso y estilo del gran poeta. El aspecto sonoro del verso,– dice N. Gumiliov,– es lo más difícil de transmitir por el traductor. En nuestro caso, este asunto se confirma.

La cuestión de la rima ha preocupado a muchos poetas y críticos literarios: en el caso de Pushkin, su genio es tal y su talento tan inmenso, que ha logrado la más perfecta armonía, la más sublime y sencilla perfección. En la traducción, esta tarea es cuasi imposible, de modo que he tratado de solventar la cuestión usando las mayores potencialidades, giros y belleza de que hace gala la lengua castellana.

Necesario es reconocer que cualquier traductor de poesía debe actuar él mismo como un poeta y debe ser, muy especialmente, un investigador atento y un crítico penetrante, que al elegir lo más característico de un autor, debe olvidar su personalidad y pensar sólo en la personalidad del autor. [18] 

El orden de presentación de las páginas es el cronológico: desde 1814 a 1836. Es decir, que se ha recogido la producción lírica del Pushkin totalmente adolescente y temprano, del joven Pushkin y del Pushkin enteramente maduro.

Este año se cumple el 225° Aniversario del natalicio del poeta y este volumen constituye un homenaje sincero a su figura, que pretende convertirse, además, en premonición y elemento consustancial al esfuerzo de regalarle a la ciudad de Quito,– Luz de América y faro de Cultura Libertaria,– un monumento a Pushkin, en el ideal de unir a los pueblos a través de la poesía y la cultura.


Anna Ajmátova y Marina Tsvietáyeva

En el año 2021 logré la publicación de un hermoso volumen que contiene,- en edición bilingüe ruso-español,- los poemas líricos de Marina Tsvietáyeva y Anna Ajmátova.

En una cosa puedo permanecer constante con toda certeza: considero a Ajmátova y Tesvietáyeva como grandes, importantes poetas y, las dos, maravillosas, en el mismo andarivel con Blok, Mayakóvskiy y Gumiliov. Puedo equivocarme en la apreciación, pero las dos en algo se parecen, y son igualmente admirables sus vidas y sus obras líricas.

Enseguida llama la atención, al leer sus producciones, una permanente combinación de una ebullición interna, del alma, con una construcción vertiginosa del verso; es notoria una habilidad y control de la forma, de una especie de “tormenta interior” con un acabado cuidadoso en el uso del lenguaje. Todo ello constituye un reto significativo para cualquier traductor. Con frecuencia, lo que hago es leer a Tsvietáyeva y Ajmátova en voz alta,[19] lentamente, por separado, resaltando, enfatizando, suavizando sonidos y rimas - según el ritmo de cada poema lírico - y entonces es más fácil sentir su poesía. 

 

Diré de esta manera: la poesía de Marina es de una extrema precisión y es compleja. (No se deja traducir fácilmente). Ella encuentra siempre la palabra exacta, la más contundente y la menos ambigua y a lo largo de la obra va creando nuevas y nuevas formas de expresión. Sus poemas están llenos de referentes clásicos, de dioses desterrados, de imágenes de las tradiciones rusas.

Las dos poetas sintieron siempre con fuerza el compromiso con el destino y la historia del pueblo al que pertenecen. He de confesar que resulta muy complejo transmitir toda esa riqueza en una traducción. He seleccionado muchos poemas líricos que tienen como tema central el amor al pueblo, el patriotismo sincero y puro, el canto a la naturaleza y carácter ruso, la historia y el destino social. El tema del amor y el desamor, los encuentros y los adioses, la espera y el olvido, están también muy presentes en sus versos. Ellas,- Anna y Marina,- anhelaban que no las olvidaran. Y yo cumplo con el deber de ponerlas en español a disposición del público,- para que las protejan del olvido y de la soledad…

Para los lectores interesados en estos temas, espero tener la oportunidad de escribir más extensamente sobre esta experiencia y obra.


Conclusiones

La responsabilidad de los traductores es enorme.[20] Los pocos que se han dedicado, en distintas etapas, a la traducción directa de la lírica rusa se cuentan con los dedos. Aquello ha sido un significativo esfuerzo, pero con pocos frutos y escasa difusión. La mayor parte de la obra lírica de los grandes poetas rusos está todavía por traducirse a nuestra hermosa lengua castellana.

Se ha comprobado que, en el Ecuador, muy pocas personas conocen a Pushkin y su obra poética. A fin de dar a conocer a los lectores de habla castellana esa maravillosa lírica de valor universal, con todas sus cualidades humanas, estéticas, culturales y civilizatorias, es necesario contar con un mayor esfuerzo de traducción.

Aunque la traducción directa del ruso de los poemas líricos de Pushkin, por la grandeza propia del poeta, por su estilo particular y personalidad, puede resultar una tarea “imposible”, cada vez más traductores en distintos países de lengua castellana se han empeñado en proveer aportes sustantivos. En el Ecuador, un traductor acaba de publicar un volumen con 225 poemas líricos de Aleksandr Pushkin.

Esta experiencia constituye no solo un aporte al enriquecimiento literario de la sociedad, sino un gran acercamiento de culturas, una herramienta de interculturalidad que permite, a través de la lectura en nuestra lengua, conocer y comprender el mundo ruso, su cultura y valores humanísticos, espirituales.

En este contexto, es relevante la constatación de las publicaciones realizadas, así como las que se hallan en preparación: Ver Recuadro.

 

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

Antón Amaruñán, «Pushkin- El eterno sol de la poesía rusa», Antología poética (225 poemas líricos traducidos directamente del ruso), Quito, 2024.

Antón Amaruñán, Varias publicaciones. Autores: poetas rusos, A. Ajmátova,. A. Blok, A. Preciado (Ecuador), A. Pushkin, M. Tsvietáyeva, F. Tyútchev, Quito, varios años.

Belinskiy, Vissarión, «Estética y crítica literaria», en dos tomos. Tomo 2- Composiciones de Aleksandr Pushkin, Moscú, Ediciones Literarias, 1959.

Bravo–Villasante, Carmen, «Pushkin en España», Cuadernos Hispanoamericanos, 1989.

Cascarra, Vicente,  «La literatura rusa en España», Artículos, Hemeroteca, Invierno 1995, recuperado año 2021.

Gumiliov Nikolay, «La traducción de Poesía», Moscú, 1930.

Hegel, Georg Wilhelm,  «Problemas de Estética», Buenos Aires, Ediciones Ateneo, 1954.

Kuzminá, Marina , «La poesía de Aleksandr Pushkin: motivos anacreónicos», Universidad de Colombia, Bogotá, 2000.

Lotman, Yuri  «La escuela de la palabra poética: Pushkin, Lérmontov, Gógol», Moscú, Ediciones “Prosveschenye”, 1988.

Monforte Dupret, Roberto, «Cuadernos de Literatura eslava», Madrid, 1930. 

Nabókov, Vladímir , “Ensayos sobre traducción”; “Evgueniy Onieguin”, Traducción del ruso por V. Nabókov, Versión en inglés, Edición Obras Completas, 1960

Obolenskaya, Julia, «Pushkin en la cultura española» en VV. AA., Actas de la II Conferencia de Hispanistas de Rusia, Moscú, 19–23 de abril de 1999, Madrid.

Schanzer, George, “Las primeras traducciones de literatura rusa, en España y en América”, State University of New York, 2014.

Slonim Marc, «La literatura rusa», Breviarios del Fondo de cultura económica, Méjico, 1962.

Torquemada Sánchez, Joaquín, «La traducción de la poesía rusa al español: aspectos traductológicos», Universidad de Granada, AIETI, 2003

 

Volodarskaya E.F., «Problemas de Filología», Academia rusa de ciencias de la lengua, Instituto de Lenguas Extranjeras, Moscú, 2016

 

 

Quito, 4 de Noviembre 2024

 

 

Acerca del Autor

Marco Cornejo Ubillús es un especialista en literatura y lenguas, promotor cultural y traductor de lírica rusa. Nacido en Quito, Ecuador, ha realizado estudios en Rusia (URSS) y Francia. Su dominio de varias lenguas, tales como: francés, inglés, italiano, portugués y ruso, le ha permitido adentrarse en el ámbito de la interculturalidad y las tareas de la traducción. Escritor, publicista y editor, ha publicado numerosas obras de distintos géneros, desde su primera novela “El Carpintero” hasta cuentos infantiles y numerosos artículos de opinión. Ha realizado un notable aporte a la traducción directa del ruso (bajo el pseudónimo “Antón Amaruñán”) y a difusión de las obras de poetas rusos (en español y bilingüe). Entre dichas publicaciones se cuentan los volúmenes que contienen versos  selectos de A. Pushkin, A. Ajmátova, M. Tsvietáyeva, A. Blok, F. Tyútchev. Fruto de su trabajo editorial es la “Antología Esencial” del poeta ecuatoriano Antonio Preciado, para la cual realizó la traducción de la maravillosa poesía del poeta esmeraldeño al ruso y francés. Como promotor cultural ha dedicado los dos últimos años al proyecto de construcción del Memorial “Diálogo de Culturas” dedicado a honrar la memoria de dos poetas: el ecuatoriano Medardo Ángel Silva y el ruso Aleksandr Pushkin. Por su loable labor y aporte a la cultura y consolidación de las relaciones de amistad entre los pueblos, en noviembre de 2023 el Presidente Vladímir Putin le otorgó la Medalla A. Pushkin.


[1] Ver George Schanzer : “Las primeras traducciones de literatura rusa, en España y en América”, State University of New York, p. 816

[2] La memorable antología de Evgueniy Yevtushenko Las estrofas del siglo (Strofi veka, 1995) incluye a más de 850 poetas reconocidos, solamente del siglo veinte.

[3] EDICIONES JUCAR, 1974 Chantada, 7. Madrid-29 I. S. B. N.: 84-334-0148-3, Impreso en España por Altamira-Rotopress.

 

[4] Ver “La desconocida y otros poemas: selección de poesía y prosa de Aleksandr Blok”; por Ekaterina Ignatova e Iván Carvajal, Quito, Ecuador Orogenia, 2009

[5] Ver Marc Slonim “La literatura rusa”, Breviarios del Fondo de cultura económica, Méjico, 1962, p. 33

[6] Esta versión corresponde a Javier Marías, 1999.

 

[7] Traducción directa del ruso, de Antón Amaruñán. Ver edición bilingüe “Aleksandr Blok- Lírica escogida”, Quito, 2023

[8] Véase las páginas de “La literatura rusa”, Marc Slonim, Breviarios del Fondo de cultura económica, Méjico, 1962.

[9] “Es imposible transmitir toda la belleza del verso ruso, su gracia inigualable, su fuerza de expresión, su gracia y sencillez. Los niños rusos, desde la más tierna infancia, los aprenden, los memorizan, los declaman con facilidad y soltura,— prueba de la brillantez y la genialidad de las composiciones en el original. Para captar toda su esencia, su calidez, hermosura y profundidad es indispensable,— y es la única manera,— leerlos en lengua rusa.” Antón Amaruñán, Prólogo al libro “Pushkin- el eterno sol de la poesía rusa”. Quito, Edición 2022.

[10] Ver “Obras completas de Aleksandr Pushkin”, en 10 tomos. Moscú, 1960. El mayor volumen de versos traducidos de Pushkin (una cincuentena) ha sido logrado por Eduardo Alonso Luengo. (España, 1999).

[11] Véase de Yuri Lotman, “La escuela de la palabra poética: Pushkin, Lérmontov, Gógol”, Moscú, Ediciones “Prosveschenye”, 1988.

[12] Véase,  “Evgueniy Onieguin”, Traducción del ruso por V. Nabókov, Versión en inglés, Ediciones Obras Completas, 1960

[13] Vladímir Vladímirovich Nabókov (1899-1977), escritor, traductor, entomólogo y profesor ruso.

[14] Nikolay Gumiliov, “Estudios sobre la traducción de la poesía”, Moscú, 1920.

[15] Véase Georg Hegel, “Estudios de Estética”, Buenos Aires, 1954

[16] Revista de Libros. Madrid, 1997

[17] Es imposible abreviar o alargar el verso sin cambiar al mismo tiempo su tono, incluso si se ha conservado la cantidad de imágenes. Y el laconismo y la amorfia de la imagen se determinan por la intención, y cada línea sobrante o insuficiente cambia el grado de su tensión. Por lo que se refiere a las estrofas, cada una de ellas crea un curso del pensamiento no parecido a ningún otro. (N. Gumiliov-los mandamientos de la traducción)

[18] En sentido estricto, las traducciones no deberían ir firmadas. (N. Gumiliov)

[19] Cito esto para estas dos poetas, pero el ejercicio ha de hacerse para todos los casos.

[20] Entiéndase: de los traductores y de los editores de libros. Pero la responsabilidad va mucho más allá, y cada uno deberá asumir la parte que le pertenece, por acción u omisión.

 
 
 

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